Comprar un buen reloj debería ser sencillo. Pero casi nunca lo es.
Cuando empecé a buscar un reloj con más presencia, pensé que sería fácil.
Solo quería una pieza elegante, versátil y bien terminada. Algo que pudiera usar en el trabajo, durante una salida o incluso con ropa más casual.
Pero rápidamente descubrí que el mercado suele dividirse en dos extremos: relojes accesibles que no siempre transmiten la calidad que uno espera, y modelos con diseños atractivos pero precios difíciles de justificar.
Entonces apareció una tercera alternativa.
