A cierta edad, muchas decisiones empiezan a cambiar.
Ya no eliges solo por impulso. Ya no te convence cualquier diseño. Y ya no buscas accesorios que llamen la atención durante unos días para después cansarte de ellos.
Empiezas a valorar mejor lo que usas, cómo se ve, cómo se siente y lo que transmite sobre ti.
Eso también ocurre con los relojes.
